Este fin de semana he recargado la batería de mi corazón, con una catequización que me ha llegado muy dentro, a pesar de que no era la primera vez que la escuchaba, y todo ha consistido en simplemente estar sentada durante tres días, solo escuchando. Mientras, mis hijas se quedaban con tres chicas, que las "cuidaban" y lo pongo entre comillas porque las pobres han venido traumatizadas. A las tres las conozco de vista, pero creo que para trabajar cuidando niños, es esencial una cosa.... que te gusten los niños. Y a ninguna de estas les gustaban. No relataré las peripecias que han tenido que soportar mis hijas, y del mismo modo, yo también, pero por sacar algo bueno de esto... no llevaré más a mis hijas para que las cuide alguien, si no tengo la plena confianza de que van a estar bien.
Por otro lado, estos últimos días he estado pensando sobre algo que escribió mi Tita Carmen acerca de que la gente nunca escucha. Me cuento entre las personas, que por mi forma de ser, más bien callada, siempre me he dedicado a escuchar a la gente, y eso me ha convertido en una persona muy observadora y suelo conocer mucho a la gente sin intimar mucho, nada más escuchando y observando. Pero mi carácter tímido ha ido cambiando con los años, y ahora soy un poco más habladora, ha sido cuando me he dado cuenta de que es muy difícil que alguien te escuche, en muchas ocasiones, estando en una conversación con varias personas, he intentado decir algo, y me interrumpen, me cambian el tema, o simplemente, hablan encima de mi frase. Eso me hace recordar por qué yo era tímida antes, y lo era por inseguridad, pero otro de los motivos, era que pensaba que lo que yo podía decir, no le interesaba a nadie, así que solo hablaba cuando sentía que la otra persona estaba verdaderamente interesada en escucharme. También por eso me dio por escribir, y escribía diarios porque aunque nadie me escuchara, así al menos, sentía que se lo contaba a alguien. Últimamente, por ser más sociable, lo que he dicho se ha vuelto contra mí, en dos ocasiones, y la verdad, este hecho me hace plantearme si realmente merece la pena ser sociable, o hablar, si lo que digas va a ser utilizado en tu contra por la persona que lo oiga.
Sinceramente, a partir de ahora, creo que aunque ya no soy tan cohibida, voy a dedicarme solo a hablar, cuando realmente sea necesario y cuando sienta que la otra persona tiene interés por escuchar lo que le voy a contar. Os prometo que todo esto no es imaginación mía, que me ha pasado muchísimas veces que quiero decir algo, lo intento y pasan dos cosas: Que ni me miran, o que simplemente cambian el tema como si no hubieran oído nada. Y es que la gente está demasiado interesada en ir a su aire, o en contar su historia sin pensar que quizá hay personas que también quieren contar la suya.
Yo por mi parte, seguiré escuchando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario