lunes, 12 de diciembre de 2011

ESPÍRITU GUADALUPANO

Esta última semana renació en mí la pasión por pintar y dibujar, que toda la vida había tenido y desarrollado en mi época del colegio, y abandoné al finalizar mi etapa escolar. Sinceramente, hacía tantos años que no dibujaba nada, que ya no me creía capaz, de hecho pensaba que había perdido esa gracia. Mi hija Carolina me dijo una mañana que le dibujara a la Virgen de Guadalupe, pues le estaba poniendo unos dibujos animados sobre la historia de las apariciones a San Juan Diego. Me dispuse a hacerle un dibujo de una Virgencita plis, en su pizarra magnética, fijándome en una que encontré en internet. Cual fue mi sorpresa, cuando descubrí que sin apenas esforzarme me había salido medio bien, y fue cuando se me ocurrió pintarla en la habitación de mis hijas. 
Primero hice un boceto a lápiz, que tardé dos horas en terminarlo. Estaba super picada, no podía parar de dibujar, y mi marido estaba alucinado. Me dijo que después de cinco años de casados, y dos de novios, se acababa de enterar de que dibujaba así. Y por supuesto estaba feliz de que pintara a nuestras hijas en su habitación, una Virgen de Guadalupe, patrona de México, y Emperatriz de América. Mis hijas también estaban encantadas con la idea de tener una Virgen en la pared, porque como dijo la mayor, así ya tenían dónde mirar cuando rezaba por las noches. 
Estos fueron los materiales que utilicé para pintarla una vez hecho el dibujo. Aunque tengo que decir, que al final usé uno de los pinceles que le regaló la Tita Carmen a Carolina, uno muy finito, porque para hacer los bordes era ideal. Ella no paraba de preguntarme porqué le había cogido sus pinceles, y yo le decía que era porque pintaban muy bien y así la Virgen estaba más bonita y guapa.  Empecé así el proceso de coloreado de la imagen, que fue una grata experiencia, en la que me acompañaron mis hijas. 

Empezando a pintar, con Raquel pululando por ahí, me dejaba la parte de abajo para cuando ella no estuviera cerca, porque sabía que le plantaría las "zarpas" encima en cuanto pudiese, y así ocurrió. Carolina sin embargo, todo el rato observaba y me preguntaba si podía pintar ella también. Fue tan insistente que le tuve que dejar ayudarme en un momento que había una superficie grande que pintar, o sea, en el vestido de la Virgen.
Aquí estaba a medio hacer, mi hija despertó contenta y le gustó tanto que me pidió ayudarme a pintar, así que le dejé un trozo grande y le dije que pintara, momento que aproveché para fotografiar su precioso perfil. Estaba tan emocionada que no podía parar de pintar.
Yo proseguí dando forma a los pequeños detalles que quedaron, que ya era un poco más complicado, para lo que tuve que usar los pinceles finitos que le regaló la Tita Carmen a Carolina. Estos trabajos de chinos, como yo les llamo, se me daban bastante bien en el colegio. 


 Y este fue el resultado final, una habitación super cuca, y muy mexicana, a mi marido y a mis hijas les encantó, y también al resto de la gente que lo ha visto. Yo he estado feliz haciendo esto.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

MONUMENTO AL NO NACIDO

He conocido recientemente este Monumento al niño no nacido, y me ha provocado tantos sentimientos que no he podido evitar lanzarme a escribir algo embargada por la emoción. 

Leía que el monumento expresa no solo el pesar y arrepentimiento de la madre que ha abortado, sino también el perdón y el amor del niño no nacido hacia su madre.

Y es que realmente la escultura expresa eso totalmente, esa madre arrodillada impotente, con las manos en la cara, seguramente llorando eternamente, y ese niño, un alma inocente, transparente, que casi la consuela en su dolor, y por supuesto la perdona y la ama, llegando hasta a interceder  por ella ante Dios en el caso de que fuera necesario, porque son ángeles de Dios los niños abortados ciertamente. 

Tengo a mis hijas y cada vez que se habla del aborto, no puedo eludir acordarme instantáneamente de ellas, y no puedo entender como hay personas que no valoran esas vidas, que desde el primer momento de la concepción lo son verdaderamente. Aunque no siempre soy capaz de verlo, porque otras cosas me nublan, mis hijas solo me dan alegrías, son el regalo más grande que me ha dado Dios, y el mero hecho de escribir sobre ellas, hace que mis ojos se llenen de lágrimas, porque las quiero más que a mi propia vida. .