lunes, 28 de noviembre de 2011

HECHO CON TUS RECUERDOS


He sido una de las 2500 seleccionadas para un proyecto de investigación de marketing, que organiza una página www.bopki.es que hace estudios sobre productos, dándolos a probar a la gente, para que sea la propia persona la que de su opinión. En este caso, el producto son bombones Suchard. Si, Suchard, los del turrón de chocolate, el de toda la vida. Pues han sacado unos bombones, que sinceramente, están de muerte. 

Para mí, toda la vida, Suchard ha sido sinónimo de el mejor turrón de chocolate. La Navidad, sobre todo desde la niñez, siempre tenía presente el turrón de chocolate Suchard, y no lo digo por peloteo, sino porque es cierto. 

Comer un bombón de Suchard, es una mezcla de dulzura, nostalgia, y exquisitez. Lo puedes morder y sientes chasquear su cobertura crujiente, que es lo que más recuerda al turrón, ya que igualmente lleva arroz inflado. Más adentro, te invade un aterciopelado relleno, tan cremoso, que sientes que se deshace en tu boca. 

La envoltura de los bombones es dorada, a mi me recordó a la de los caramelos Werther´s Original. Y la presentación es una caja que lleva 187 gramos, con un práctico y original dispensador. 

Hoy he estado en Carrefour y la verdad me ha costado encontrarlos. La presentación que tiene, que no es tan espectacular como otras, como la de los Ferrero Rocher,  Lindt, u otras marcas que estaban en un lugar más visible. Sinceramente, pienso que estaban un poco escondidos. Aunque el precio está genial, 3,99 €

Tengo que decir, que mi marido se ha hinchado a comer bombones, hasta hartarse, y mis hijas, auténticas amantes del chocolate, también han comido muchos. A ambos les han encantado estos bombones, una prueba es que cuando le hice esta foto a Carolina, no aguantaba, se lo quería comer YA. 

El eslogan de Suchard es: Hecho con tus sueños. Y yo pienso que el eslogan que define a estos bombones es: Hecho con tus recuerdos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

GENEROSIDAD

Un día como muchos, hace unas semanas entré en un multiprecio chino, cosa que a mis hijas les encanta, porque hay miles de cosas inservibles que a ellas les chiflan. Raquel, como no, sin que me diera cuenta, agarró dos mini peluches. Fuí a pagar lo que había comprado, y me dispuse a salir por la puerta, cuando el chino me hizo una señal, como señalando a la niña; la miré y vi lo que tenía en las manos. Me dió un poco de vergüenza, se lo quité y se lo di al chino rápidamente, saliendo de allí con la consiguiente rabieta de mi hija, ya que ya pensaba que se los llevaba. Yo no me había percatado de su presencia, pero por lo visto había un moro en el mostrador, que había sido testigo de mi peculiar escena. Cuando ya estaba a medio minuto de allí, por la calle, viene el moro andando rápido a mi lado, se acerca a Raquel, aun llorando, y le da el mini peluche, y le da otro a Carolina. Ese detalle me enterneció tantísimo, que solo pude decir: ¡¡No!! Pero el moro insistió en que se los quedaran, y dijo que él se los regalaba. Hizo algo insignificante, pero a la vez tan grande.... No creo que cualquier persona, ni yo misma, sea capaz de hacer eso por alguien que no conozca de nada, y sobre todo, porque quizá el moro no tenía ni para comer, pero tuvo esa inmensa generosidad. Me dio una gran lección. 

PUESTA AL DÍA

Hace ya tres meses que no escribo nada, pero no ha sido por ningún motivo en especial, sino porque empezó el cole en Septiembre, empecé a trabajar en Octubre, y así comenzó de nuevo la rutina del curso, que tanto extrañaba en verano, y ahora que la tengo, a veces llega a sobrepasarme, pero nada preocupante. 

Mi hija pequeña había cumplido dos años el 21 de junio, pero no pudimos celebrarlo hasta mediados de septiembre, por circunstancias que ya conté en anteriores entradas. De hecho, ni siquiera fue una celebración, sino un día super lluvioso, sobre la marcha, compré una tarta, y nos fuimos a casa de mis padres, y con ellos comimos normal, y después sacamos la tarta para que Raquelita soplara su vela de dos años. Sé que quizá a algunas personas les hubiera gustado estar presentes, pero los cuerpos no estaban para muchas fiestas y pudieron entenderlo. 


También mi hija mayor cumplió cuatro años el 21 de noviembre, y lo celebramos con una fiesta increíble en un lugar mágico, que nos encontramos casi por casualidad. Era su primera fiesta con los compañeros del cole, y creo que lo pasó bastante bien, a pesar de que, había momentos en que parecía que la fiesta le venía algo grande. La fiesta fue genial, pero eché de menos esa sencillez, de disfrutar su padre y yo, junto con el resto de la familia, el momento de soplar las velas, o ir abriendo los regalos de forma calmada. 

Empezó el curso, y yo con mi trabajo, como ya he dicho, pero a pesar de que el año pasado estuve super a gusto con las compañeras, este año han cambiado a muchas de lugar, y solo queda una de las del año pasado, las otras dos eran nuevas. Hubo desencuentros con la jefa y una de las nuevas que le llevaron a despedirse ella misma del trabajo y vino otra nueva. Pero todos estos cambios, por lo visto, inconscientemente influyeron en mi ritmo de trabajo, que según mi jefa, bajó considerablemente, y la semana pasada me informó sobre eso, porque dos de mis compañeras por lo visto ya llevaban tiempo "rajando" de mi. La falta de compañerismo que han tenido estas dos, al no decírmelo a mi directamente, sino acudiendo a la jefa, me hizo darme cuenta de que tengo trabajando a mi lado a gente con la que tengo que tener sumo cuidado, porque a raiz de eso, me he dado cuenta de que intentan pisarme continuamente, como si quisieran empujarme por el precipicio. Me pregunté porqué me tenía que pasar esto a mi, ya que lo vi totalmente injusto, y después de darle miles y miles de vueltas, llegué a la conclusión de que lo único que podía hacer era entregarme totalmente en mi trabajo, y dejárselo al Señor, porque tengo la certeza de que Él me hará justicia tarde o temprano.