Ayer por la mañana me pasó algo que merece la pena ser recordado. Estando en la cola del supermercado de mi barrio, una señora de unos setenta y pico años, venía detrás de mí, y se pegó a mi de cuerpo entero, y lo digo sin exagerar. Di un paso adelante para separarme y la señora se volvió a pegar, fue entonces cuando le dije con mucha educación y hablándole de usted que por favor no se pegase tanto a mí. No creeríais cómo se puso, hecha una energúmena diciéndome que quién me creía yo, que a ver si se me iba a pegar algo, que era una delicada, que a ver qué me había creído yo, y mil cosas más. Mientras yo, permanecí callada, pagando mi compra y empezando a ponerme nerviosa. Cuando ya salía por la puerta yo, viendo que la mujer seguía con su retahíla, le dije: Cállese ya señora. A lo que ella respondió: Cállate tu, ¡gitana! Me fui de allí pensando que si hubiera sido yo una gitana como me dijo, no hubiera acabado la conversación así. A todo esto me encontré con mis padres y les conté lo sucedido, y cuando ya acababa de relatar semejante episodio, veo venir a lo lejos a esta tan educada señora, por llamarla de alguna forma y avisé a mis padres. Al pasar por mi altura me miraba con odio y me dijo que se estaba quedando con mi cara, que vería lo que me iba a pasar. O sea, todavía se atrevió a amenazarme. Mi padre se fue detrás de ella para intentar comprender su reacción y observarla de lejos. Cuando volvió llegamos a la conclusión de que estaba enferma, esquizofrénica o algo por el estilo, pero a mí con toda su enfermedad, me dejó al borde de un ataque de nervios, hasta me faltaba el aire y acabé hasta llorando.
Esto lo cuento porque durante el día estuve pensando sobre lo acontecido, y me dio mucha tristeza ver que puede haber hijos que dejen que sus padres enfermos vayan solos por la calle, que en su ancianidad no se preocupen de los padres que le dieron la vida porque yo desde luego, si mi madre estuviera así, no la dejaría sola ni un momento. Me animó a seguir adelante educando a mis hijas como mis padres me educaron a mí, siempre recordando que cuando llegue la hora en que ellos no puedan valerse por si mismos, estaré con ellos, cuidándolos, como ellos me cuidaron a mí cuando nací, espero poder dar la talla en esto que tantísimo me preocupa. Todavía recuerdo cuando murió la tia de mi padre Isabel, que fue una muerte muy triste porque ocurrió tras haberla llevado a una residencia de ancianos, y en su entierro, mal organizado, yo lloraba amargamente al ver que solo fuimos 15 personas porque nadie se enteró. Y mi padre me dijo: "Hija, tu nunca dejes que nos hagan esto a tu madre y a mí". Aquello me llegó al alma, y la verdad, nunca lo permitiré.
Te apoyo en tu actitud Wella. Yo lucharé fervientemente para que esa actitud no ocurra en mi familia. Estoy totalmente en contra de ese tipo de actuaciones.
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