domingo, 27 de noviembre de 2011

GENEROSIDAD

Un día como muchos, hace unas semanas entré en un multiprecio chino, cosa que a mis hijas les encanta, porque hay miles de cosas inservibles que a ellas les chiflan. Raquel, como no, sin que me diera cuenta, agarró dos mini peluches. Fuí a pagar lo que había comprado, y me dispuse a salir por la puerta, cuando el chino me hizo una señal, como señalando a la niña; la miré y vi lo que tenía en las manos. Me dió un poco de vergüenza, se lo quité y se lo di al chino rápidamente, saliendo de allí con la consiguiente rabieta de mi hija, ya que ya pensaba que se los llevaba. Yo no me había percatado de su presencia, pero por lo visto había un moro en el mostrador, que había sido testigo de mi peculiar escena. Cuando ya estaba a medio minuto de allí, por la calle, viene el moro andando rápido a mi lado, se acerca a Raquel, aun llorando, y le da el mini peluche, y le da otro a Carolina. Ese detalle me enterneció tantísimo, que solo pude decir: ¡¡No!! Pero el moro insistió en que se los quedaran, y dijo que él se los regalaba. Hizo algo insignificante, pero a la vez tan grande.... No creo que cualquier persona, ni yo misma, sea capaz de hacer eso por alguien que no conozca de nada, y sobre todo, porque quizá el moro no tenía ni para comer, pero tuvo esa inmensa generosidad. Me dio una gran lección. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario