domingo, 8 de mayo de 2011

EUCARISTÍA

Hace tiempo que vengo observando en mi hija mayor, Carolina, que, o le estamos transmitiendo correctamente el amor por Dios, la Iglesia y la Virgen, o es que es una niña adelantada a su edad que tiene un celo especial por todo esto, que dicho sea de paso, sea una cosa o la otra, me encanta, hasta el punto de emocionarme.

Digo esto porque, en tiempo récord, se aprende todas las oraciones que le enseñamos, y pide que le enseñemos más. Tiene dos iconos de esos que se abren en forma de libro, pequeñito, con la Virgen y el Niño en un lado, y Jesús en el otro, nos lo dieron en una boda de recordatorio, pero enseguida se apropió de él, y en algunas ocasiones me la he encontrado sentada en el sofá, con el icono abierto, mirándolo con ternura y susurrando algo. Al preguntarle qué hacía, me ha dicho que estaba rezando y esta querida hija mía me ha dado una gran lección.

Anoche, como su papá estaba enfermo, me decidí a ir con ella a la Eucaristía, que con tres años y medio que tiene, le encanta. Lejos de pensar que no se está enterando, me pregunta por qué ha dicho tal cosa el "nene de Jesús", que es como ella llama al sacerdote. Y por supuesto, quiso llevarse el icono, lo llevaba en su mano, y de vez en cuando lo abría, lo miraba y lo cerraba, incluso una de las veces, increíblemente se dio cuenta de que en la pared había una Virgen con un Niño, casi idéntica a la que ella llevaba, de lo que yo ni me había percatado.

Espero que mi hija siga siendo así, haré hasta lo imposible para que continúe creciendo en ella el amor a Cristo que a mí me transmitieron mis padres y siempre soñé inculcar de igual forma a mis hijos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario